Un perro pequeño no necesita un armario, necesita cuatro prendas bien elegidas. El día a día en la ciudad, el frío de verdad, la lluvia y esos dos o tres momentos al año en los que uno quiere que salga bien en las fotos. Cada uno pide una cosa distinta.
El día a día en la ciudad
Es el uso que más importa y el que menos se piensa. Aquí la prenda tiene que aguantar dos paseos diarios, ponerse y quitarse en diez segundos y pasar por la lavadora sin ceremonia. Punto fino de algodón o una sudadera ligera, sin adornos y con velcro.
El error clásico es reservar la prenda buena para las ocasiones y sacar a diario la que roza. Debería ser justo al revés: la que se lleva ochocientas veces al año es la que tiene que estar mejor cortada.
Frío de verdad
Por debajo de los 8 o 10 grados, un perro de pelo corto y poca grasa lo pasa mal, y se le nota antes de tiritar: acorta el paseo, se para, levanta una pata. Ahí hace falta abrigo real —punto grueso o acolchado con forro— que cubra desde la base del cuello hasta el nacimiento de la cola y proteja el pecho, que es por donde más calor pierde.
Si además es un perro recién salido de peluquería, súbelo un nivel durante las dos o tres semanas siguientes. El manto rebajado no aísla igual, y es cuando más resfriados vemos.
La regla de las capas también sirve aquí. Una camiseta fina debajo del abrigo abriga más que un abrigo grueso a solas, y permite quitar una capa al entrar en una tienda o en el metro. Un perro que pasa cuarenta minutos con abrigo dentro de un local climatizado acaba jadeando.
Lluvia
El impermeable es la prenda más útil y la peor comprada. Un chubasquero sin forro no abriga: solo evita que el perro llegue empapado a casa, que ya es bastante. Si además hace frío, tiene que llevar forro o ir sobre otra capa.
Busca que cubra bien los cuartos traseros y la barriga — en un perro que va a veinte centímetros del suelo, el agua sube desde abajo, no cae desde arriba. Y al llegar, secar barriga y patas aunque parezca que no se ha mojado.
Viaje y transportín
Para viajar, menos es más. Una prenda fina y transpirable, sin capucha, sin cordones y sin nada que se enganche en la rejilla del bolso de transporte. Los coches y los trenes van más calientes de lo que creemos, y un perro que no puede desabrigarse solo depende enteramente de ti.
Si el trayecto es largo, mete en el bolso una segunda prenda seca. Cambiarla al llegar es la diferencia entre un perro cómodo y uno que pasa la tarde húmedo.
Ocasiones especiales
Bodas, Navidad, sesiones de fotos. Aquí sí tiene sentido la prenda bonita — con dos condiciones. La primera: que se la haya probado antes en casa, no el mismo día. La segunda: que sea para un rato. Una pajarita, un vestido de punto o un abrigo con detalle son perfectos durante una hora; ocho horas seguidas no lo son para ninguna prenda decorativa.
Y una regla que evita disgustos: nada con piezas pequeñas pegadas si va a estar rodeado de gente y comida. Los abalorios acaban en el suelo, y del suelo a la boca hay un segundo.
Señales de que la prenda sobra. Jadeo con la boca muy abierta, orejas calientes al tacto, o un perro que se tumba y no quiere levantarse. Si aparecen, se quita, se ofrece agua y se sale del sitio caliente. Vestir bien a un perro incluye saber cuándo desvestirlo.
Cuatro prendas, todo el año
Con una de diario, un abrigo de invierno, un impermeable con forro y una prenda de ocasión está resuelto el año entero de un perro pequeño en España o Andorra. Todo lo demás es gusto, y el gusto viene después de que las cuatro básicas estén bien.
Cómo medir a tu perro y en qué fijarse antes de comprar lo explicamos en cómo seleccionar ropa para tu perro pequeño. Nuestra selección está en la boutique, y en nuestras tiendas puedes probársela antes de decidir.
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